Las máscaras caen. La caza se intensifica. Pablo y su equipo dan un golpe decisivo: rescatan a varias jóvenes secuestradas y las entregan al detective a cargo de la investigación. Pero Firmine, buscando redención o quizás impulsado por el miedo, les pide que encuentren más. El horror no ha terminado. Entonces, una sorpresa: se descubre un cadáver en la caja fuerte de Brigitte. El caso explota. Ella es arrestada y el caso olvidado de Luca Mancini se reabre. El pasado resurge. Para silenciar la verdad, Brian secuestra al detective. Pero Pablo y Firmin intervienen justo a tiempo. Y es allí, a la sombra de un enfrentamiento inminente, que el Justiciero finalmente se revela. Luca revela su identidad y acusa públicamente a la mafia de la masacre de su familia. También expone la infiltración del inspector Nel, quien será arrestado por la propia detective. Cuando Luca revela que Jacques y Brian son los verdaderos responsables de la muerte de su padre, Brian pierde el control: toma a Firmine como rehén e intenta huir. Pero Pablo había planeado este acto final. Atrapado, Brian cae bajo las balas del inspector, en un tiroteo sin retorno. Entonces, uno a uno, los pilares de la mafia se derrumban. Gracias a la decisiva traición de su abogado, la justicia aplasta la red. La era de la mafia termina. El inspector asciende a comisario, símbolo de renovación. Y Pablo, con el corazón finalmente en paz, abandona el país con la mujer que ama. En Rusia, lejos de la guerra y el derramamiento de sangre, se permite una vida que le habían arrebatado.